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Terapia de pareja

¿Qué es la terapia de pareja?

Sin duda, son muchas las peculiaridades que caracterizan a la terapia de pareja otorgándole un valor diferencial frente a otras formas de intervención psicoterapéutica. Una de esas peculiaridades es el hecho de que la terapia deje de ser individual para convertirse en un proceso que implica a la pareja como unidad.

La otra peculiaridad que nos gustaría señalar aquí como elemento diferenciador de la terapia de pareja es la ausencia de una especificación clara del tipo de problemática que aborda, definiéndose este modo de intervención más por quiénes acuden a terapia (dos personas con una relación sentimental, la pareja), que por las dificultades y comportamientos problema por los que se consulta al especialista. Resulta curiosa la falta de definición existente sobre lo que puede considerarse problemas de pareja.

¿A quién va dirigida? ¿A qué tipo de problemas trata de dar solución?

La terapia de pareja es adecuada para parejas con desavenencias, con fuertes conflictos y estrés en la pareja, con aquellas al borde de la ruptura pero también con aquellas otras que, aún presentando relativamente pocos problemas, desean mejorar su relación; estas parejas, a menudo, se encuentran aburridas, ocultan sus sentimientos o se toleran mutuamente.

Parece, por tanto, que el denominador común de la problemática a la que trata de dar solución este tipo de terapia es la insatisfacción con la relación.

Entendemos que una persona mantiene una relación de pareja insatisfactoria o infeliz cuando tiene problemas de comunicación con el otro, a quien de alguna manera se ha dejado de sentir unido, y cuando la relación no le aporta lo que él o ella espera conseguir.

El hecho de no obtener lo que se espera de la relación tiende a producir un estado de frustración y cierta agresividad hacia el otro que, a su vez, va dificultando la posibilidad de arreglo. Sentirse insatisfecho en la pareja altera en gran medida el funcionamiento emocional de la persona que muy probablemente buscará equilibrar su vida emocional con otras actividades que le satisfagan más.

Obviamente, entre esa búsqueda de actividades alternativas que resulten más satisfactorias pueden encontrarse la búsqueda de otra pareja y/o la finalización de la relación actual para reducir las frustraciones y aspectos negativos asociados a ella y poder aumentar las satisfacciones en otras áreas vitales de la persona.

Otros aspectos relacionados con la terapia de pareja

No quisiéramos terminar este artículo sin mencionar, aunque sólo sea brevemente, algunas cuestiones que con frecuencia aparecen estrechamente relacionadas con la terapia de pareja.

Terapia familiar

No resulta raro entender que, cuando existe un conflicto grave de pareja, las probabilidades de que otros aspectos del sistema familiar se vean afectados se incrementan notablemente. En este sentido, los miembros de la familia más vulnerable son, lógicamente, los hijos quienes pueden estar sufriendo las consecuencias de los problemas de pareja de sus padres llegando a desarrollar problemas de conducta que pueden requerir intervención psicológica. No nos vamos a detener aquí en la presentación de las peculiaridades de la terapia familiar pero nos parece relevante destacar la conveniencia en muchos casos de combinar esta intervención sobre todo o parte del núcleo familiar, con la terapia de pareja centrada en la díada conyugal.

Terapia sexual

A menudo los conflictos en la pareja y los problemas sexuales aparecen estrechamente unidos de forma bidireccional, esto es, la existencia de dificultades en la relación sexual suele dar lugar a problemas en la relación de pareja y viceversa. Nosotros no vamos a detenernos aquí en la exposición de los tipos de disfunciones sexuales que pueden aparecer en una relación de pareja ni en la presentación de los modelos explicativos y de intervención psicológica que convendría aplicar en los casos de dificultades sexuales puesto que estas cuestiones ya se tratan en otro capítulo. Lo que sí nos gustaría destacar es la importancia de considerar ambos aspectos cuando se trabaja con parejas teniendo en cuenta que la solución de los conflictos en un área puede suponer una mejora del funcionamiento de la pareja en la otra.

La separación

Por último, hemos de señalar que, en ocasiones, conviene interrumpir la terapia de pareja y trabajar para ayudar a alguno de los miembros de la relación o a ambos a enfrentar adecuadamente la ruptura sentimental definitiva si la pareja llega a la conclusión de que esa es la opción más acertada. Sin embargo, con cierta frecuencia los miembros de la pareja que acuden a terapia ven en la separación una solución transitoria que les permitirá distanciarse para, una vez resueltas sus dificultades, poder volver a convivir en pareja. Hemos de aclarar que, en la inmensa mayoría de los casos esta decisión no es la adecuada puesto que los problemas que existen son problemas de relación que no van a poder ser resueltos si esa relación no existe y, por tanto, no se pueden poner en práctica las habilidades que se entrenen para su manejo. Únicamente en algunos casos especiales este alejamiento temporal puede resultar de alguna utilidad:

  1. Cuando la relación está tan cargada de elementos aversivos, que tomar distancia para programar un reencuentro progresivo recuperando los momentos más gratificantes de la relación puede ser muy apropiado.
  2. Cuando ese alejamiento transitorio permite que uno o los dos miembros de la pareja pueda “echar de menos” alguno de los aspectos reforzantes de la relación y, por tanto, trabajar en la resolución de los problemas existentes con más “ganas”.

En cualquier caso, la labor del terapeuta no ha de ser la de reconciliar a toda costa a las parejas que acuden a sesión. Actuar como un factor de apoyo permitiendo a los clientes decidir su propio futuro es el papel fundamental que ha de cumplir un terapeuta de pareja aunque esta decisión suponga la ruptura definitiva de la relación.

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